La conclusión es sencilla, aunque difícil de trasladar a nuestro estilo de vida actual. No hay que mirar las pantallas de los dispositivos electrónicos por la noche. Ni el iPad, ni el teléfono móvil ni el ordenador deben ser utilizados a partir de las nueve de la noche si queremos preservar una buena calidad del sueño. Así de claro.
Son las conclusiones del estudio que acaba de ser publicado en el número de mayo de la revista 'Chronobiology International'. En el trabajo, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Haifa, en Israel, se estudió a 19 individuos a los que se expuso desde las nueve a las once de la noche a diferentes tipos de pantallas y luces artificiales antes de acostarse. De todas ellas, la que más afectó al sueño, a los ritmos biológicos y a su nivel de atención la mañana siguiente, fue la de longitud de onda corta, es decir, la emitida por las pantallas de móviles y tablets.
Curiosamente, la intensidad de la luz no tuvo un efecto importante a la hora de alterar el sueño. Lo realmente importante fue el tipo de luz y la más nociva fue sin lugar a dudas la de los dispositivos electrónicos. Los expertos israelíes, liderados por la doctora Amit Green, recomiendan que se disminuya al máximo el uso de pantallas emisoras de luz tres horas antes de acostarse.
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